domingo, 22 de abril de 2018

ESTREMECIMIENTO, por Leonardo Padrón.

Este es un articulo que acabo de leer sobre la situación en Venezuela absolutamente estremecedor y
que pone la carne de gallina, muy bien escrito, por este reputado periodista, por eso lo difundo.

ESTREMECIMIENTO, por Leonardo Padrón.
"En estos días se me atascaron de nuevo las palabras. Se quedaron inmovilizadas en el teclado. Se hicieron nudo. Me quedé en silencio. Arrinconado donde no había alfabeto posible. Y no pude entregar mi artículo semanal. Ni siquiera logré excusarme. Seguí durante días enteros con los ojos pegados a la viscosa realidad de mi país. Permanecí, encandilado de horror, viendo los testimonios de hambre y padecimiento que se amplifican en cada rincón de mi pobre país petrolero. Es demasiado. Sobrepasa. Es algo que ofusca la capacidad de análisis. Uno ve a hombres hechos y derechos, remangados de tanto vivir, con los ojos en súplica, con la voz hecha puro sollozo, porque tienen tanta hambre que están aterrados, porque les da vergüenza no poder alimentar con un mínimo de pan y decencia a sus hijos. Eso aniquila. Estremece.
Las historias son excesivas. Como sacadas de un país en guerra. Parecemos un territorio bombardeado, con la comida convertida en humo y sin la más simple medicina. ¿Cuántas veces hay que decirlo?
Asombra la historia de María del Carmen, una niña de 6 años que reside en Maracaibo y su cota de desnutrición es tal que a la familia le asusta cargarla porque sienten que se les va a quebrar en los brazos. Aturde la cantidad de niños que siguen muriendo por comer yuca amarga, porque no hay más nada, solo ese borde que es la desesperación de sus padres. Conmueve la historia de José, el humilde autobusero que se desvaneció llevando a su pequeño hijo al colegio, porque tenía ya dos días masticando solo aire. Y a mi se me quedó la mirada en su hijo, que le abrazaba una rodilla como consuelo, que no sabe de ideologías, que tiene tan poco tiempo en el mundo y quizás ya supone que así es la vida: un padre sollozando a ras del suelo. Estremece la historia del hombre que va a pie a Colombia para comprarle una urna a su sobrina, porque la inflación decreta que no hay dinero que pague el entierro de los pobres en nuestro pobre país petrolero. Son demasiadas historias. Demasiadas.
Ahora quienes protestan no son las organizaciones políticas, ni los estudiantes, ni la clase media, ni los sindicatos, choferes, profesores o la abrumadora sociedad civil. Ahora protesta la capa más frágil de la sociedad: los enfermos. Los que padecen cáncer, los trasplantados de órganos, los que tienen VIH, paludismo, difteria, tuberculosis, lupus, los enfermos renales y los miles y miles que dependen de una minúscula pastilla para tener a raya la peligrosa hipertensión. Son más de 300 mil personas con el susto de la muerte en la esquina más cercana. Se les ve clamando por sus remedios, braceando por ayuda en una cuenta regresiva letal, exasperados, colapsando frente a las cámaras. La escandalosa cifra dice que la desnutrición afecta ya a 1.3 millones de personas. El país se está volviendo un costillar. Y nada, nada de ese hilo agónico de tantos seres humanos conmueve a los líderes de la revolución. Muchos de esos enfermos votaron por Chávez, creyeron en su promesa de redención social y su estribillo de salvador de los desposeídos. Pero la dictadura solo les ha devuelto su indiferencia. Lo que está pasando es moralmente inhumano. Inaceptable. Es una suerte de homicidio culposo masivo.
Y a eso se suman las historias, ya multitudinarias, inacabables, de venezolanos diseminados en las calles de los países vecinos, convertidos en vendedores ambulantes de cualquier cosa, agredidos y humillados por el dardo de la xenofobia. ¡Son tantos los testimonios! Están en todas partes. Es imposible no verlos. Confieso que nunca había visto a tanta gente triste. A desconocidos, amigos, vecinos, gente de cualquier edad. A mi propio rostro. Se nos ha vuelto una epidemia la tristeza. Hoy somos un rudo coctel de crisis, abatimiento, desesperanza, bochorno, duelo, hambre, exilio y pena. No ha quedado piedra sana. A todo el mundo se le desbarató la vida.
Y yo no entiendo. No entiendo una ideología que contenga tanta indolencia en su premisa. No entiendo, incluso si convenimos en que a Venezuela la gobierna una mafia criminal. Hasta el mayor de los delincuentes se conmueve ante un niño agonizando. ¿No hay en esos “camaradas” del poder ni un síntoma de humanidad? ¿No observa -por ejemplo- la llamada primera combatiente, lo que está pasando en el país que gobierna su marido? ¿No le muestra, luego de refocilarse con la televisión española que tanto disfrutan, alguno de los cientos de videos que pueblan las redes? ¿No ha visto el terror de los enfermos renales rogando por la urgencia de una diálisis que les salve la vida? ¿No han advertido a la gente escapando en estampida por las fronteras?¿No hay un mínimo estremecimiento en su alma femenina? ¿Tampoco lo han notado las esposas, madres o hijas de los otros paladines de la dictadura? ¿No lo conversan en sus habitaciones? ¿No se les ocurre pensar que quizás no lo están haciendo bien? ¿No vale la pena claudicar en algo para salvar tantas vidas? ¿Dirán que a fin de cuentas cada persona que muere o huye es otro escuálido menos? ¿De qué tamaño es la venda que los ciega? ¿Así de sórdido es su linaje? ¿Es tan cruel la fascinación por el poder?
Muchos dirán que ninguno de los seres humanos que hoy conforman el círculo de poder en Venezuela posee sensibilidad alguna. Que esta hambruna y esta mortandad es por diseño. Que la estrategia es justamente la sumisión colectiva. A veces quisiera pensar que en algún recóndito lugar de sus emociones debe sacudirse algo. Pero el curso de los hechos nos hace desalojar cualquier esperanza en ese sentido. Estamos ante un régimen desalmado. Es decir, sin alma. Su victoria es la tristeza de millones de almas. Se han convertido en los dueños de una tierra arrasada. No importa la sangre vertida. Ni cuántas cruces hay ya en los cementerios. No importa tanta oscuridad. Ni esa larga pena que somos.
Patria o muerte, dijeron. Y perdió la patria."

domingo, 4 de marzo de 2018

¡Las Leonas aplastan a Holanda!

Y se hacen con su sexto campeonato de Europa de Rugby, felicitaciones campeonas y a seguir rugiendo!!!
La selección española femenina de rugby venció de forma contundente a Holanda (40-7) y se hizo con su segundo Campeonato de Europa consecutivo ¡Enhorabuena campeonas!

lunes, 29 de enero de 2018

¡Los Hispanos, de oro!

Aquí os dejo una buena noticia para abrir boca en el 2018 que ha empezado genial para estos chicos enormes,  "Los Hispanos" como llaman a la selección española de balonmano, campeones de Europa!!!


domingo, 31 de diciembre de 2017

¡feliz 2018!

Necesitaría hacer una lista inmensa de grande para enumerar todo lo bueno que yo os deseo amigas y amigos, además de agradeceros la cantidad de años que venís soportando mis ocurrencias de mal escritor, bueno, ni malo ni bueno, es que no lo soy, jajaja Y lo peor es que seguiré por aquí, espero que muchos años mas.
Lo mejor para vosotros en el resto de vuestras vidas, ese es mi deseo para todas y todos vosotros :)
Besos y salud

miércoles, 20 de diciembre de 2017

¡Felices fiestas!

La Pitu y yo, os deseamos muy felices fiestas, que tengáis por delante un año muy feliz, y yo que me entere de ello...jajaja

miércoles, 22 de noviembre de 2017

¡Aleluya!

Tengo que haceros participes de mi alegría porque he sido regalado con un milagro, si, San Google, por medio de su santo adjunto San Blogger, me ha liberado, despues de estar sufriendo tortura durante varias semanas sin poder escribir una entrada nueva porque decían que yo no tenia blog, que creara uno nuevo, despues de recurrir a su ayuda y a docenas de expertos que indefectiblemente me sumían en un circulo vicioso, en un bucle infinito en el que siempre, hiciera lo que hiciera siguiendo sus instrucciones, cientos de veces, cambiando contraseñas por otras nuevas, al final siempre me decían que no era propietario de blog alguno (A pesar de que lo tenia delante de mis narices y de las de ellos) y que creara uno nuevo.

Por fin, hace unos minutos, en un intento último y desesperado, haciendo lo que ya había hecho docenas de veces antes,  ha aparecido la página anhelada que me permitía meter la enésima nueva contraseña que había obtenido en estos desesperados dias y... ¡Esta vez ha funcionado! Milagro entre milagros, el mas grande, ya he podido escribir esta entrada preñada de ciberalegria, y de las otras varias,  y claro, me ha faltado tiempo para dedicárosla a vosotros, blogueros compañeros,   amigas y amigos, para que os ciberalegreis conmigo, ¡Milagro! soy feliz de nuevo amada familia cibernética, os amo y amaré por siempre, jamás, amén.

PD. No se os ocurra preguntarme como lo arreglé porque no tengo ni la menor idea, lo que os puedo decir es que jamás hay que arrojar la toalla, insistir una y otra vez, estoicamente, durante las semanas que sea necesario, sufrir mucho,  y al final, tened fe, el milagro sucede !!!
Os quiero!!!

Besos y salud

martes, 31 de octubre de 2017

Ser español...


La joven malagueña Laura Moreno, estudiante de Bioquímica, se ha convertido en todo un fenómeno viral después de que una reflexión suya sobre "ser español" haya sido compartida más de 300.000 veces en la red social Fabebook y haya recibido casi 40.000 comentarios.
Lo curioso, para los estudiosos de las redes sociales, es que la malagueña apenas tenía 400 amigos en Facebook, pero su reflexión, en pleno proceso secesionista, se ha convertido en todo un fenómeno en las redes sociales:

"Ser español no es llevar la bandera, ni gritar como un berraco frases de odio que espero que no sientas. Tampoco lo es ponerse una pulserita en la muñeca, ni cantar el cara al sol.
El concepto de ser español es algo totalmente distinto, o al menos lo debería ser, porque a estas alturas de la historia yo ya no sé qué decirte.
Como española que soy, te voy a contar lo que para mí es ser español:
Ser español es arder cuando arde Doñana o temblar cuando tembló Lorca; es sentarte a escuchar historias de meigas en Galicia y llegar a creértelas; es ir a Valencia y no sentir rabia por leer un cartel en valenciano, sino que te agrade poder llegar a entenderlo y es presumir de que las Canarias nada tienen que envidiarle al Caribe.
Sentirse español es sufrir por no haber podido vivir la movida madrileña, enamorarte del mar al oír Mediterráneo de Serrat, es pedirle borracha a tu amiga catalana que te enseñe a bailar sardanas, querer ir a Albacete para comprobar si su feria es mejor que la de Málaga y sorprenderte al ver lo bonita que es Ceuta.
Para mí ser español es presumir de que en Andalucía tenemos playa, nieve y desierto; sentir casi mérito mío que un alicantino esté tan cerca de un Nobel, pedirle a un asturiano que me enseñe a escanciar la sidra y morirme de amor viendo las playas del País Vasco en Juego de Tronos.
También es española la cervecita de las 13.00, el orujo gallego, la siesta, el calimotxo, la paella, la tarta de Santiago, las croquetas de tu abuela y la tortilla de patatas. Lo son las ganas de mostrarle lo mejor de tu ciudad al que viene de fuera y que tú le preguntes por la suya; es hacerte amiga de un vasco y pedirle que te enseñe los números en euskera, por si pronto vuelves a por 2 ó 3 pintxos; es enorgullecerte de ser el país ejemplo a nivel mundial en trasplantes, de formar parte de la tierra de las mil culturas y de ser los del buen humor.
No hay nada más español que se te pongan los vellos de punta con una saeta o con una copla bien cantá, atardecer en las playas de Cádiz, descubrir casi sin querer calas paradisiacas en Mallorca, hacer el camino de Santiago en septiembre maldiciendo el frío o que Salamanca y Segovia te enseñen que no hay que ser grande para ser preciosa.
Así que, acho, picha, miarma, perla, tronco, tete, mi niño… eso es ser español, lo otro es política. Pero si de política quieres impregnar este concepto, también te vuelvo a decir que te equivocas: porque ser español no es desear que le partan la cara a nadie, es sufrir la situación de paro de tu vecino o el desahucio que has visto en la tele; ser español no es oprimir el SÍ o el NO de toda una comunidad autónoma, es indignarte cuando nos llaman gilipollas con cada nuevo caso de corrupción; ser un buen español es querer que en tu país no haya pobreza, ni incultura, ni enfermos atendidos en pasillos del hospital y, joder, querer quedarte aquí para trabajar y aportar todo lo que, durante tanto tiempo, precisamente aquí has aprendido.
Eso es ser español, o al menos, eso espero!"